En la sencillez reside la belleza. Es en lo primero en que piensa uno al poner un pie en la iglesia de San Sebastián, una pequeña parroquia en la plaza de Anaya, pero que es una de las joyas que esconde la Salamanca monumental. Y la sencillez y la belleza son la casa de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras y María Santísima de la Caridad y el Consuelo, esperando un Domingo de Ramos diferente, pero, un año después, con su gente:


















































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